Deberes…¡Otra vez los deberes!
Comienza de nuevo el curso y con él, los deberes. Normalmente los deberes son eso, deberes sin más. Llegan del cole, se sientan un rato, y listo…¡Deberes hechso!
Ojalá fuera siempre tan sencillo, ¿verdad?
Si tienes un hijo al que le cuesta concentrarse, organizarse, leer, escribir, memorizar o empezar una tarea, probablemente sabes que la hora de los deberes puede convertirse en uno de los momentos más difíciles del día.
Empiezan después del colegio y, cuando quieres darte cuenta, han pasado dos horas (en el mejor de los casos).
¿Te resulta familiar?
Te sientas después del cole….Se distrae…Se levanta…Se enfada…Dice que no sabe hacerlo. Tú intentas ayudar, pero terminas sintiendo que haces de profesor, de organizador, de motivador y, algunas tardes, hasta de policía.
Y cuando finalmente terminan los deberes o ya es muy tarde, todos estáis agotados y seguramente, enfadados.
Cuando los deberes se convierten en una batalla diaria.
La realidad es que los deberes pueden ser un problema. Pero pueden ser mucho menos problema cuando entendemos qué está ocurriendo y sabemos cómo ayudar.
Para algunas familias, hacer los deberes no es simplemente sentarse y completar unas actividades.
Puede haber dificultades de atención, TDAH, dislexia, problemas de comprensión lectora, dificultades de aprendizaje, problemas de organización o una baja tolerancia a la frustración.
Y también puede ocurrir que todavía no exista ningún diagnóstico. Porque no hace falta tener un diagnóstico para que algo esté siendo difícil.
Si tu hijo tarda muchísimo más que otros niños en terminar, necesita supervisión constante, se bloquea ante tareas aparentemente sencillas, pierde el hilo continuamente o termina cada tarde frustrado, quizá no sea simplemente una cuestión de falta de ganas.
Puede que necesite otro tipo de apoyo.
“No quiere hacer los deberes” no siempre significa que no quiera.
Esta es una de las cosas que más puede ayudarnos a cambiar la mirada.
Cuando un niño dice:
“No quiero hacer los deberes” podemos escuchar simplemente falta de motivación. Pero detrás de ese “no quiero” puede haber muchas cosas:
- “No sé por dónde empezar.”
- “No entiendo lo que me están pidiendo.”
- “Me cuesta concentrarme.”
- “Es demasiado para mí.”
- “Tengo miedo de equivocarme.”
- “Estoy cansado.”
- “Siento que no puedo hacerlo.”
- “Necesito que alguien me ayude a organizarme.”
Por eso, antes de preguntarnos cómo conseguir que haga los deberes, puede ser mucho más útil preguntarnos:
¿Qué está haciendo que los deberes sean tan difíciles para él?
Si tiene dificultades de aprendizaje, los deberes pueden multiplicar el esfuerzo
Imagina que para otro niño leer un enunciado supone un minuto.
Para un niño con dificultades de comprensión lectora, ese mismo enunciado puede requerir mucho más esfuerzo.
Si además tiene que mantener la atención, comprender qué le están preguntando, organizar la respuesta y escribirla correctamente, la tarea se multiplica.
Lo mismo puede ocurrir con las matemáticas, la escritura, la memorización o la planificación de trabajos.
Desde fuera podemos ver:
“Lleva una hora y todavía no ha terminado.”
Pero lo que está ocurriendo puede ser:
“Lleva una hora haciendo un esfuerzo enorme para conseguir algo que a otros niños les resulta mucho más sencillo.”
Entender esto no significa bajar las expectativas.
Significa ajustar la ayuda a sus necesidades reales.
¿Y si tiene problemas de atención?
Cuando existen dificultades atencionales, una tarea larga puede convertirse en una montaña.
No necesariamente porque el niño no sepa hacerla.
Puede saber perfectamente cómo resolver los ejercicios y, aun así:
- perderse por el camino;
- olvidarse de lo que tenía que hacer;
- distraerse con cualquier estímulo;
- dejar tareas a medias;
- necesitar muchos recordatorios;
- calcular mal cuánto tiempo necesita;
- frustrarse rápidamente.
En estos casos, decir simplemente “concéntrate” suele servir de poco.
La atención no mejora únicamente porque pidamos que se concentre más.
A veces necesitamos hacer que la tarea sea más manejable.
Cómo ayudar a tu hijo con los deberes sin hacerlos por él
No existe una estrategia que funcione igual para todos los niños, pero hay algunas ideas que pueden ayudar.
1. Divide las tareas
“Haz todos los deberes” puede ser una instrucción demasiado grande.
Podemos convertirla en pequeños pasos:
Primero matemáticas.
Después descansamos.
Luego hacemos lengua.
Y dentro de una misma tarea:
“Vamos a hacer primero estos tres ejercicios.”
Hacer visible el principio y el final puede reducir mucho la sensación de agobio.
2. Ayúdale a empezar
A veces el momento más difícil no es hacer la tarea, sino empezarla.
En lugar de hacer el ejercicio por él, podemos ayudarle a identificar el primer paso:
“¿Qué es lo primero que tenemos que hacer?”
La idea es acompañar el proceso sin sustituirlo.
3. Reduce las distracciones
No necesitamos crear una sala de estudio perfecta.
Pero sí podemos intentar que el espacio facilite la concentración.
Menos estímulos innecesarios, el material preparado y todo lo que necesite al alcance pueden evitar pequeñas interrupciones que terminan rompiendo la atención.
4. Introduce descansos
Estudiar durante horas no garantiza aprender más.
Especialmente cuando el niño está cansado o tiene dificultades para mantener la atención, puede ser más eficaz trabajar en periodos más cortos y hacer pequeñas pausas.
Una pausa no significa abandonar.
Significa recuperar recursos para poder continuar.
5. No conviertas cada error en una batalla
Los errores forman parte del aprendizaje.
Si cada equivocación provoca una corrección inmediata, un “te lo acabo de explicar” o un “¿pero cómo no lo vas a saber?”, la frustración puede aumentar rápidamente.
Podemos cambiar la pregunta:
En lugar de:
“¿Cómo no sabes hacer esto?”
probar con:
“Vamos a ver en qué parte te has perdido.”
No es lo mismo.
Pero también tenemos que hablar de los padres
Porque cuando hablamos de deberes solemos poner toda la responsabilidad sobre el niño.
Y no siempre tenemos en cuenta el contexto familiar.
Hay padres y madres que salen de trabajar y llegan a casa cansados.
Hay hermanos pequeños.
Extraescolares.
Cenas.
Baños.
Casas que recoger.
Correos del colegio.
Reuniones.
Y días en los que simplemente no queda energía para aplicar diez estrategias educativas diferentes.
Por eso, cuando hablamos de cómo ayudar a un niño con los deberes, también tenemos que hablar de cómo hacerlo de una manera realista para la familia.
Porque una estrategia que funciona en teoría pero que exige dos horas diarias de dedicación exclusiva de un adulto probablemente no sea una buena estrategia para muchas familias.
No necesitas hacerlo perfecto
Quizá algunos días tengas paciencia.
Y otros no.
Quizá un día consigas organizar perfectamente la tarde y al siguiente todo se descontrole.
Quizá alguna vez termines diciendo:
“¡Haz los deberes de una vez!”
Eso no convierte a nadie en un mal padre o una mala madre.
Acompañar a un niño con dificultades puede ser agotador.
Y precisamente por eso necesitamos dejar de hablar de familias que lo hacen todo perfecto y empezar a hablar de familias reales que necesitan herramientas que puedan utilizar en su día a día.
¿Cuándo deberíamos pedir ayuda?
Si los deberes generan conflictos prácticamente todos los días, si tu hijo necesita una supervisión constante, si tarda muchísimo más de lo esperado, si se frustra con facilidad o si tienes la sensación de que existe una dificultad que no sabes identificar, puede ser recomendable buscar orientación.
Y no es necesario esperar a que haya un diagnóstico.
A veces, una valoración psicopedagógica puede ayudarnos a comprender qué está ocurriendo.
Otras veces, simplemente necesitamos aprender nuevas estrategias para acompañarle.
Lo importante es no asumir automáticamente que es falta de esfuerzo, pereza o desinterés.
Los deberes pueden ser un problema. Pero no tienen por qué convertirse en una batalla diaria
Los deberes forman parte de la vida escolar y probablemente van a seguir estando ahí.
La cuestión no es conseguir que desaparezcan.
La cuestión es conseguir que no ocupen toda la tarde, no deterioren la relación familiar y no hagan que un niño termine pensando que no es capaz.
A veces no necesitamos más presión.
Necesitamos más comprensión.
Más herramientas.
Y una forma diferente de acompañar.
En Fundamenta Psicoeducativo queremos ayudarte, por eso hemos preparado un taller para familias sobre cómo afrontar los deberes escolares.
Un espacio práctico para entender qué puede estar ocurriendo cuando nuestro hijo tiene dificultades con los deberes y aprender estrategias para acompañarle mejor.
Hablaremos de atención, organización, motivación, frustración y dificultades de aprendizaje, pero también de algo fundamental:
Cómo aplicar todo esto en una familia real, con poco tiempo, cansancio y mil cosas que hacer.
Porque sabemos que educar no consiste en aplicar perfectamente un manual.
Consiste en encontrar herramientas que puedan funcionar en vuestra vida.
Los deberes pueden ser un problema.
Pero es mucho menos problema cuando sabes cómo ayudar.
Si esta situación te resulta familiar, escríbenos y te contamos todos los detalles del próximo taller.



